Lo tienen todo excepto a sus padres
“Crecer sin ver apenas a los progenitores multiplica los problemas de la adolescencia - Menores de familias acomodadas ingresan en internados y centros tutelados por la poca dedicación a los hijos"
JOAQUINA PRADES 14/02/2011
Lo tienen todo menos lo imprescindible. Casas confortables, padres con profesiones de éxito, toda la tecnología casera disponible en el mercado, ropa de marca, dinero para gastos, caprichos... Pero les falta algo. Los adolescentes urbanos procedentes de familias de clase media y media alta empiezan a llenar las consultas de psicólogos y pediatras sociales aquejados del mal de la soledad. Han crecido casi por su cuenta, a cargo de cuidadoras ajenas a la familia, y sus padres, ocupados a tiempo completo en mantener el estatus social, carecen del tiempo que ellos demandan. Las consecuencias suelen ser perversas: trastornos de conducta, agresividad, enfrentamientos constantes con los padres... Y también una tendencia al aislamiento preocupante. Tanto, que algunos adolescentes han empezado ya a ser catalogados en situación de riesgo y enviados temporalmente a pisos tutelados por la Administración.
Es una circunstancia insólita, porque este tipo de centros -con capacidad para alrededor de media docena de chicos y chicas adolescentes, asistidos por psicólogos y trabajadores sociales- han estado habitados hasta ahora exclusivamente por chavales de familias desestructuradas, aquellas en las que los progenitores están en prisión, o enfermos sin medios de subsistencia, parados sin futuro y toxicómanos en el amplio sentido de la palabra, la mayoría alcohólicos. Ahora, sin embargo, empiezan a compartir habitación con adolescentes ricos a quienes nadie hubiera imaginado bajo la tutela de los servicios sociales de las comunidades autónomas. El nexo entre unos y otros es el desamparo.
En algunos casos los padres delegan el problema en la Administración; en otros, se sigue optando por el internado, dependiendo de su pertenencia a la escala baja o alta de la clase media. Según los expertos, ambas fórmulas de alejamiento del menor conflictivo del hogar se da cada vez con más frecuencia y aflora a edades más tempranas.
Estas conductas antisociales ¿obedecen a una venganza de los adolescentes contra los progenitores por haberles sometido a un semiabandono de hecho? ¿O es su manera de protegerse del desvalimiento propio de los años más confusos de la existencia? ¿Se recuperan socialmente estos chicos difíciles y solitarios?
"La víctima siempre es el menor", asegura Blanca Betes, responsable de la clínica madrileña Psiceduca, especializada en trastornos de la adolescencia. "Son situaciones difíciles que se pueden tratar con bastantes garantías de éxito si aún no han entrado en la adolescencia. Después es peor. Cuanto más se aplaza el problema menos solución hay. Son terapias largas, con un coste económico en ocasiones elevado y que requieren tiempo. Lo primero no es problema, casi siempre llegan a la consulta familias bien situadas. Lo difícil es el tiempo. Viajan mucho, están liadísimos. Alegan que no pueden y les creemos, porque llevamos un tren de vida frenético del que es muy difícil bajarse".
Pero se paga un precio alto por ello. El menor se enmaraña aún más en la espiral del conflicto y la desesperanza. Los padres se muestran derrotados y lamentan la desgracia de tener un hijo así.
El primer contacto con los profesionales proviene habitualmente de la madre. Aunque ambos progenitores trabajen, sigue siendo ella la que busca tiempo para recurrir a la ayuda de los expertos. El lamento inicial tiene un patrón común, según Blanca Betes: "Mi hijo es un desastre, no va a clase, suspende todo. Está agresivo, nos insulta y hasta nos pega. Vivimos en el infierno". Los padres siempre echan la culpa a los hijos. Se sienten víctimas de una injusticia: han dado todo por ellos y solo reciben disgustos. A medida que avanza la terapia, asoma el sentimiento de culpa. Al final, asumen que, efectivamente, le han dado todo, excepto su tiempo. Y no es un detalle menor.
Con más de una década de experiencia, Blanca Betes ha aprendido a traducir el lenguaje de los adolescentes: "Iros a la mierda", dirigido a los padres significa "estoy muy solo. No me queréis. No me cuidáis. Tenedme en cuenta; incluidme en vuestras vidas".
"Muy a mi pesar", añade la directora de Psiceduca, "en ocasiones los chicos están dispuestos a cambiar si sus padres también lo hacen, porque se sienten muy desgraciados. Pero la falta de tiempo de los mayores lo estropea todo. Un caso reciente mío concluyó con el internamiento del chaval en un colegio de élite de Suiza, porque a sus padres les resultaba imposible acudir a terapia".
A partir del alejamiento, bien sea en un piso tutelado o en un internado de lujo, el vínculo emocional corre serio peligro, según los expertos. "El internado es percibido por el menor como 'no solo me has abandonado, sino que me alejas de tu vida". La reacción típica es cerrarse aún más en su grupo de amigos y mostrarse insultante y agresivo con la familia.
Algunos profesionales califican el desinterés de hecho de los padres como malos tratos. Lo denominan "negligencia por omisión del deber" y es causa de privación de la patria potestad. En España hay 35.000 menores tutelados por las Administraciones, aunque no es posible obtener datos sobre cuántos de ellos corresponden a la omisión del deber paterno. Arturo Canalda, defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, apunta la causa principal de la ausencia de estadísticas fiables: "Cada autonomía dispone de un sistema propio de calificación del abandono, y lo que en algunas es desamparo en otras es riesgo, y viceversa. Ninguna tiene la obligación de actualizar y especificar los datos, así que trabajamos un poco a ciegas, fiándonos del instinto y la experiencia".
El pediatra social del hospital Infantil Niño Jesús de Madrid Jesús García alertó a los senadores que consensuaron las líneas maestras de la futura reforma de la ley de adopción nacional de que "un padre sociópata no es solo quien abandona, maltrata o abusa sexualmente de sus hijos, sino quien hace omisión del deber de paternidad". Y reveló que la negligencia es la segunda causa de maltrato de la Comunidad de Madrid. Fruto de esta actitud, señala, "son los trastornos emocionales graves derivados de un abandono de hecho".
Cuenta este pediatra, que además preside la Asociación Madrileña para la Prevención del Maltrato Infantil: "Una madre, una profesional de mucho éxito, vino a mi consulta en demanda de ansiolíticos para su hijo porque mandaba 1.000 mensajes de móvil diarios. Sí, 1.000. Fui a ver su casa y su habitación era la cabina del Voyager: home cinema, mp3, iPhone, Mp4, Wii, consolas... todo. Sin embargo, era uno de los niños más desamparados que he visto. Sus trastornos eran una llamada desesperada de atención dirigida a los padres, a los que prácticamente no veía". Tras una terapia dura y prolongada, el caso empieza a arreglarse y el muchacho se está también recuperando de lo que los pediatras denominan ya "la sordera del MP3", que daña la capacidad auditiva, y la "artritis metacarpofalángica" de su mano derecha, resentida por tanto sms.
Otra pareja que pasó recientemente por su departamento en el Niño Jesús no pudo resolver el problema y perdió definitivamente la custodia por omisión del deber paterno. Eran dos ejecutivos veganos [vegetarianos estrictos] cuyo hijo presentaba encefalopatía grave por carencia de vitamina B12 y ácido fólico, "con unos retrasos mentales tremendos".
Este y los otros menores que han pasado por la misma causa a disposición de los servicios de protección de la Comunidad de Madrid padecen "encefalopatía hipóxico isquémica", lo que les convierte en dependientes de por vida. "A veces, el peor problema de los niños son los padres", concluye el pediatra, que combate con energía la teoría que surgió en los años sesenta -y aún sigue vigente en determinados ambientes- de que es mejor dedicar a los niños "tiempo cualitativo", es decir, poco tiempo pero proveniente de progenitores realizados, como se denominaba antes, que "tiempo cuantitativo": muchas horas, pero de madres presuntamente amargadas por su condición obligada de amas de casa. "Ni cuantitativo ni cualitativo", ataja el doctor García. "Los niños necesitan tiempo a secas".
En este contexto, ¿no se estará estigmatizando a este tipo de padres señalándoles con el dedo acusador? ¿No remueve esta situación el incómodo sentimiento de que triunfar en el trabajo implica descuidar a la familia? O su reverso: niños esmeradamente cuidados, ascensos imposibles, sobre todo en el caso de la mujer. ¿Siguen los estereotipos vigentes?
"Como en todo, hay que buscar el equilibrio. Pero en las actuales circunstancias no es fácil", comenta Jesús Poveda, psiquiatra de la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en patologías de la adolescencia. "Los dos son a la vez culpables y víctimas. La educación de los hijos es su responsabilidad, pero si no se sabe o no se puede hacer mejor, el conflicto está asegurado". Muchos de estos padres son víctimas, a su vez, de la educación errónea que ellos mismos recibieron, y reproducen modelos difíciles de digerir para los jóvenes de la era digital.
"Antes los adolescentes tenían más fácil vivir lo que los psiquiatras llamamos 'factor de pertenencia' a través de la familia extensa y los amigos del barrio. Pero hoy eso rara vez lo tienen, y como el mundo real les resulta hostil buscan su pertenencia en el virtual. Vemos que tienen 500 amigos en Tuenti y ninguno en el barrio. No sirve".
A los padres, señala este psiquiatra, hay que ayudarles a distinguir lo necesario de lo urgente. "Cuando suena la alarma de la extrema gravedad -por ejemplo, un intento de suicidio por parte del menor- se apresuran a cambiar el horario laboral o buscan otro trabajo que les permita estar por la tarde con los hijos. Le han visto las orejas al lobo".
Jesús Palacios, catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Sevilla, no culpa ni exime a nadie. Solo destaca que "hay una curva ascendente de padres de clase media alta cuyos trabajos resultan tan absorbentes que no han prestado la atención debida a los hijos. Cuando eso se junta a los problemas de la adolescencia, ya han perdido el control de la situación familiar". En tales circunstancias, primero intentan que los educadores y los psicólogos remedien el problema. "Al final, ellos mismos piden a la Administración que se haga cargo de los hijos", añade Palacios.
El juez de menores de Granada Emilio Calatayud asegura: "El perfil del adolescente que agrede a sus padres o delinque a través de Internet o del móvil es de clase social acomodada, que lo ha tenido todo en el aspecto material y ha crecido solo, sin nadie con autoridad para marcar límites". Este juez se hizo popular por dictar sentencias en las que colocaba al menor en el lugar de la víctima o su entorno. Si un chico apedreaba los cristales del instituto, la pena consistía en limpiarlos durante unos meses; si agredía a un compañero más débil, le obligaba a convivir con discapacitados; si había conducido borracho, a ayudar a los tetrapléjicos. Así ha conseguido éxitos en la reinserción de menores, pero ahora asegura sentirse algo desbordado por chavales agresivos con el entorno familiar y ciberdelincuentes reincidentes. Chicos que son separados temporalmente de sus padres y enviados a pisos tutelados. Al mismo tiempo, y si se cuenta con medios, se intenta que los progenitores cambien sus prioridades: sus hijos por delante del éxito profesional. "Más no podemos hacer".”
Extraído de: El País
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03 mayo 2011
La diversidad en la escuela
Ubicada en el barrio porteño de Coghlan, la escuela Horizontes busca la integración de alumnos con necesidades educativas especiales
Sábado 21 de marzo de 2009 Publicado en edición impresa.
"Hoy voy a contar sobre una amiga que tiene problemas para caminar, pero es una de mis mejores amigas. Aprendí mucho con ella, aprendí que no sólo hay juegos para correr, sino también hay algunos que son muy divertidos, pero tranquilos; por ejemplo, jugar con los peluches." El testimonio de Vera, una alumna de sexto grado de la escuela Horizontes, refleja la naturalidad con la que ella afronta la discapacidad de su amiga, que está en silla de ruedas.
Este logro es en gran parte del colegio, que busca integrar a la cotidianidad del aula a algunos chicos con discapacidades. El objetivo es incorporar a la escuela común a alumnos que tienen necesidades educativas especiales, tales como retrasos madurativos, trastornos motores y auditivos, epilepsia y otros problemas de aprendizaje.
El caso de Vera no es el único. "En general, los chicos aceptan rápidamente que no todos tenemos las mismas habilidades. Los prejuicios y la discriminación tienden a llegar ligados a la mirada de los adultos", explicó Laura Popbla, psicopedagoga de Horizontes. Según la profesional, son los padres a quienes más les cuesta entender que una escuela integradora es una escuela pluralista que se pronuncia a favor de la diversidad y la tolerancia.
"Una vez un padre vino a plantearme que un alumno, por tener una discapacidad, no estaba a la altura de su hijo -recordó Teresa Falcón, directora del colegio-. En aquella oportunidad, mi postura fue tan determinante como hoy. En ese caso, debe sacar a su hijo de la escuela", dije.
Falcón entiende que a veces hace falta hablar con los padres para quitarles algunos "miedos lógicos", pero tiene muy en claro que aquel adulto que decida mandar a su hijo a este colegio debe no sólo entender la propuesta ideológica de la institución, sino también apoyarla. Para ella, se trata de una forma de pararse en la vida.
Los prejuicios, reconoció, son uno de los principales desafíos que la escuela debe enfrentar. "Vivimos en una sociedad que discrimina, por lo que el problema es sociológico", afirmó Falcón. Además, la directora destacó otro reto que la institución debe enfrentar: la falta de formación de los maestros para trabajar con chicos que tienen necesidades especiales.
Este obstáculo, no obstante, no siempre lo es. "Trato de hacerles entender a los docentes que, en general, tienen más recursos de los que creen. Lo que les falta es confianza en sí mismos", opinó Falcón. Y para darles a los maestros la seguridad que necesitan, la escuela realiza actividades como capacitación docente, reuniones asiduas para comentar las dificultades que puedan surgir o acompañamiento a los maestros, a cargo de un equipo de orientación.
Son prácticas que reflejan la cultura de la escuela: apoyarse unos a otros y transformar en manifiestos aquellos conflictos que se encuentran latentes. Esta filosofía puede comprobarse también en la ronda del mate, actividad que caracteriza a la institución.
¿Unos mates?
Sentados en ronda, los alumnos toman mate mientras reflexionan sobre el lugar que la televisión tiene en sus vidas. La que realizan es una práctica semanal que busca crear un espacio de diálogo y participación. El fundamento que la sostiene es la creencia de que el desarrollo de las habilidades sociales mejora el clima de la clase y favorece el avance académico.
"A veces la tele te vuelve boba porque estas horas sentada mirándola y perdés el tiempo que podrías compartir con amigos", recapacitó Agostina. En esta oportunidad, el tema propuesto se relaciona con una percepción de la maestra a cargo: los chicos pasan demasiadas horas frente a la pantalla e, inevitablemente, copian modismos y formas de trato agresivas.
"La idea de la ronda del mate surgió porque en un momento de mi vida sentí la necesidad de acortar la distancia que se produce entre la teoría que nos enseñan y la práctica", explicó Falcón. Como ella estaba a cargo de un grupo muy heterogéneo en el que surgían muchas peleas, les propuso a sus alumnos organizarse como una tribu y juntarse semanalmente para charlar de aquellos aspectos que los afectaban como grupo. Así, surgieron Los Mapuchepen y, con ellos, la ronda del fuego.
Los niños, entusiasmados con el emprendimiento, continuaron fantaseando. Bautizaron a cada uno de los miembros de la tribu y crearon la cultura de ese pueblo imaginario. Una de las características de la horda era la costumbre de tomar mate, práctica que incorporaron en las reuniones.
Muy pronto, en la escuela se empezó a hablar de este proyecto que en poco tiempo y, transformado en "la ronda del mate", se convirtió en un plan institucional. La práctica fue un verdadero hallazgo: un espacio que les permitió a los alumnos resolver situaciones conflictivas, compartir sus sentimientos, desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.
Favorecer el diálogo es entonces una de las formas que utiliza la escuela para lograr la integración. En definitiva, se trata de tener un objetivo claro y caminar por distintos senderos para poder alcanzarlo.
En el caso de Horizontes, el objetivo es la integración. La elección ya está hecha: ellos apuestan a la igualdad.
Por Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION
Ubicada en el barrio porteño de Coghlan, la escuela Horizontes busca la integración de alumnos con necesidades educativas especiales
Sábado 21 de marzo de 2009 Publicado en edición impresa.
Este logro es en gran parte del colegio, que busca integrar a la cotidianidad del aula a algunos chicos con discapacidades. El objetivo es incorporar a la escuela común a alumnos que tienen necesidades educativas especiales, tales como retrasos madurativos, trastornos motores y auditivos, epilepsia y otros problemas de aprendizaje.
El caso de Vera no es el único. "En general, los chicos aceptan rápidamente que no todos tenemos las mismas habilidades. Los prejuicios y la discriminación tienden a llegar ligados a la mirada de los adultos", explicó Laura Popbla, psicopedagoga de Horizontes. Según la profesional, son los padres a quienes más les cuesta entender que una escuela integradora es una escuela pluralista que se pronuncia a favor de la diversidad y la tolerancia.
"Una vez un padre vino a plantearme que un alumno, por tener una discapacidad, no estaba a la altura de su hijo -recordó Teresa Falcón, directora del colegio-. En aquella oportunidad, mi postura fue tan determinante como hoy. En ese caso, debe sacar a su hijo de la escuela", dije.
Falcón entiende que a veces hace falta hablar con los padres para quitarles algunos "miedos lógicos", pero tiene muy en claro que aquel adulto que decida mandar a su hijo a este colegio debe no sólo entender la propuesta ideológica de la institución, sino también apoyarla. Para ella, se trata de una forma de pararse en la vida.
Los prejuicios, reconoció, son uno de los principales desafíos que la escuela debe enfrentar. "Vivimos en una sociedad que discrimina, por lo que el problema es sociológico", afirmó Falcón. Además, la directora destacó otro reto que la institución debe enfrentar: la falta de formación de los maestros para trabajar con chicos que tienen necesidades especiales.
Este obstáculo, no obstante, no siempre lo es. "Trato de hacerles entender a los docentes que, en general, tienen más recursos de los que creen. Lo que les falta es confianza en sí mismos", opinó Falcón. Y para darles a los maestros la seguridad que necesitan, la escuela realiza actividades como capacitación docente, reuniones asiduas para comentar las dificultades que puedan surgir o acompañamiento a los maestros, a cargo de un equipo de orientación.
Son prácticas que reflejan la cultura de la escuela: apoyarse unos a otros y transformar en manifiestos aquellos conflictos que se encuentran latentes. Esta filosofía puede comprobarse también en la ronda del mate, actividad que caracteriza a la institución.
¿Unos mates?
Sentados en ronda, los alumnos toman mate mientras reflexionan sobre el lugar que la televisión tiene en sus vidas. La que realizan es una práctica semanal que busca crear un espacio de diálogo y participación. El fundamento que la sostiene es la creencia de que el desarrollo de las habilidades sociales mejora el clima de la clase y favorece el avance académico.
"A veces la tele te vuelve boba porque estas horas sentada mirándola y perdés el tiempo que podrías compartir con amigos", recapacitó Agostina. En esta oportunidad, el tema propuesto se relaciona con una percepción de la maestra a cargo: los chicos pasan demasiadas horas frente a la pantalla e, inevitablemente, copian modismos y formas de trato agresivas.
"La idea de la ronda del mate surgió porque en un momento de mi vida sentí la necesidad de acortar la distancia que se produce entre la teoría que nos enseñan y la práctica", explicó Falcón. Como ella estaba a cargo de un grupo muy heterogéneo en el que surgían muchas peleas, les propuso a sus alumnos organizarse como una tribu y juntarse semanalmente para charlar de aquellos aspectos que los afectaban como grupo. Así, surgieron Los Mapuchepen y, con ellos, la ronda del fuego.
Los niños, entusiasmados con el emprendimiento, continuaron fantaseando. Bautizaron a cada uno de los miembros de la tribu y crearon la cultura de ese pueblo imaginario. Una de las características de la horda era la costumbre de tomar mate, práctica que incorporaron en las reuniones.
Muy pronto, en la escuela se empezó a hablar de este proyecto que en poco tiempo y, transformado en "la ronda del mate", se convirtió en un plan institucional. La práctica fue un verdadero hallazgo: un espacio que les permitió a los alumnos resolver situaciones conflictivas, compartir sus sentimientos, desarrollar la empatía y mejorar las relaciones interpersonales.
Favorecer el diálogo es entonces una de las formas que utiliza la escuela para lograr la integración. En definitiva, se trata de tener un objetivo claro y caminar por distintos senderos para poder alcanzarlo.
En el caso de Horizontes, el objetivo es la integración. La elección ya está hecha: ellos apuestan a la igualdad.
Por Belén Aliberti
De la Fundación LA NACION
La excelencia en educación: algo más que una ocurrencia
JOSÉ GIMENO SACRISTÁN 29/04/2011
Las escuelas, los institutos, las universidades o el profesorado excelentes no se crean por regulaciones legales o administrativas, sino por el afianzamiento de políticas que apoyen el buen hacer y no toleren lo que lo entorpezca. El alumno excelente es, sencillamente, el buen alumno. La entrada en escena del tema de la agrupación segregada de estudiantes excelentes es otra de las ocurrencias a las que estamos acostumbrados, que no tendría más importancia si no afectase a una de las columnas del sistema: la de la comprensividad planteada ahora con más sutileza.
Querían quitarse de en medio a los peores, a los pendencieros, a los que no saben apreciar las esencias de una educación costosa que no aprovechan, añadiendo el convincente argumento de que los débiles académicamente entorpecen y frenan la fecunda enseñanza de una parte del colectivo profesoral, que ve cómo su promisoria semilla esparcida para todos no germina en un porcentaje significativo del alumnado, tierra infértil del sistema.
Teniendo una mínima decencia no es fácil presentare en sociedad razonando que una parte importante de los alumnos están genéticamente avocados al fracaso. Mucho menos puede apelarse a una distinción de origen entre quienes merecen dominar el mundo terrenal y los bienaventurados, pobres de espíritu, que serán preferidos en el otro mundo.
La conciencia de ser buena gente no puede admitir que se expulse del sistema a quienes teniendo derecho a estar escolarizados siguen una pobre trayectoria a lo largo de la escolaridad y se ven abocados al fracaso. Qué hacer con ellos es una pregunta cuya respuesta inquieta social y moralmente.
¡Eureka! Se puede hacer lo contrario. Si no se permite o está mal visto desalojar a los débiles, dejémosles con los "normales" y sacamos del conjunto mediocre a los superalumnos, que no es lo mismo que los superdotados. No es infrecuente que estos fracasen en las escuelas e institutos.
El efecto es el mismo, pero la estrategia es más presentable. Los padres y madres no van a sentirse avergonzados por no tener un retoño superdotado. Ya que parece poco rentable apoyar a los más débiles para mejorar la posición en el ranking de PISA o en otros indicadores, concentrémonos en los mejores. Este podría ser el planteamiento de quienes, a pesar de evidencias científicas, buscan la estratificación del alumnado a toda costa.
La ocurrencia de segregar a los excelentes parecía ser en experimento controlado que podría tener algún interés para extraer conclusiones que podrían extrapolarse a los centros donde haya algún alumno o alumna excepcionales. Pero, al querer extender esa experiencia a todos los centros, se pueden ver otras intenciones en el proyecto. ¿O es que se ha descubierto mucha más excepcionalidad de la que creíamos que había?
Creo que es una muestra más de la no aceptación del principio de comprensividad, cuando este estaba ya debilitado, que, de manera contradictoria, ahora un Gobierno del PSOE corrige (con la Ley de Economía Sostenible) lo que otro anterior del mismo color político estableció por ley. Cuando, además, la norma legal ya facilitaba el flexibilizar mucho más el sistema.
Un regreso que, en este caso no viene avalado por el versátil informe PISA, que dice que los países con mejores puntuaciones están entre aquellos que mantienen la comprensividad hasta edades más prolongadas.
El camino que se emprende no tiene fácil retorno. Como los ocurrentes quizá suponen que el genio viene de origen, ¿por qué limitar la medida al bachillerato, desaprovechando la excelencia desde mucho antes? Habrá -se dice- un grupo para los estudiantes brillantes en todos los centros. Siendo así ¿qué razón se puede oponer a la separación de quienes se sitúan en la franja media respecto de los que están por debajo de ellos?
Me asalta una duda. Un sistema que parece ser incapaz, por lo visto, de responder a las deficiencias y lograr que nadie quede atrás es poco probable que sepa manejar la excepcionalidad por arriba. Es sabido que los alumnos sobredotados encajan bastante mal en las estructuras de funcionamiento de las aulas y los cetros, que se aburren o manifiestan inapetencia intelectual por unos contenidos a los que ellos -inteligentes que son- no les ven sentido.
¿Cómo se puede tratar la excepcionalidad en grupos segregados, si no se hace en la enseñanza de todos? Si no se diferencian los métodos y se permite que afloren las diferencias no se va ir mucho más allá de exigir más contenidos de las mismas materias que tendrán que cursar igual que los demás. No se logrará más que meter por otra puerta lo que no es tan presentable el hacerlo por otras. Eso sí; ahora con argumentos renovados: en lugar de acudir a la calidad, se recurre a la excelencia. Por otro lado no se podrá acusárseles de elitismo, pues ahora el problema es de equidad y mejora del talento.
José Gimeno Sacristán es catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia.
Extraído de: El País
JOSÉ GIMENO SACRISTÁN 29/04/2011
Las escuelas, los institutos, las universidades o el profesorado excelentes no se crean por regulaciones legales o administrativas, sino por el afianzamiento de políticas que apoyen el buen hacer y no toleren lo que lo entorpezca. El alumno excelente es, sencillamente, el buen alumno. La entrada en escena del tema de la agrupación segregada de estudiantes excelentes es otra de las ocurrencias a las que estamos acostumbrados, que no tendría más importancia si no afectase a una de las columnas del sistema: la de la comprensividad planteada ahora con más sutileza.
Querían quitarse de en medio a los peores, a los pendencieros, a los que no saben apreciar las esencias de una educación costosa que no aprovechan, añadiendo el convincente argumento de que los débiles académicamente entorpecen y frenan la fecunda enseñanza de una parte del colectivo profesoral, que ve cómo su promisoria semilla esparcida para todos no germina en un porcentaje significativo del alumnado, tierra infértil del sistema.
Teniendo una mínima decencia no es fácil presentare en sociedad razonando que una parte importante de los alumnos están genéticamente avocados al fracaso. Mucho menos puede apelarse a una distinción de origen entre quienes merecen dominar el mundo terrenal y los bienaventurados, pobres de espíritu, que serán preferidos en el otro mundo.
La conciencia de ser buena gente no puede admitir que se expulse del sistema a quienes teniendo derecho a estar escolarizados siguen una pobre trayectoria a lo largo de la escolaridad y se ven abocados al fracaso. Qué hacer con ellos es una pregunta cuya respuesta inquieta social y moralmente.
¡Eureka! Se puede hacer lo contrario. Si no se permite o está mal visto desalojar a los débiles, dejémosles con los "normales" y sacamos del conjunto mediocre a los superalumnos, que no es lo mismo que los superdotados. No es infrecuente que estos fracasen en las escuelas e institutos.
El efecto es el mismo, pero la estrategia es más presentable. Los padres y madres no van a sentirse avergonzados por no tener un retoño superdotado. Ya que parece poco rentable apoyar a los más débiles para mejorar la posición en el ranking de PISA o en otros indicadores, concentrémonos en los mejores. Este podría ser el planteamiento de quienes, a pesar de evidencias científicas, buscan la estratificación del alumnado a toda costa.
La ocurrencia de segregar a los excelentes parecía ser en experimento controlado que podría tener algún interés para extraer conclusiones que podrían extrapolarse a los centros donde haya algún alumno o alumna excepcionales. Pero, al querer extender esa experiencia a todos los centros, se pueden ver otras intenciones en el proyecto. ¿O es que se ha descubierto mucha más excepcionalidad de la que creíamos que había?
Creo que es una muestra más de la no aceptación del principio de comprensividad, cuando este estaba ya debilitado, que, de manera contradictoria, ahora un Gobierno del PSOE corrige (con la Ley de Economía Sostenible) lo que otro anterior del mismo color político estableció por ley. Cuando, además, la norma legal ya facilitaba el flexibilizar mucho más el sistema.
Un regreso que, en este caso no viene avalado por el versátil informe PISA, que dice que los países con mejores puntuaciones están entre aquellos que mantienen la comprensividad hasta edades más prolongadas.
El camino que se emprende no tiene fácil retorno. Como los ocurrentes quizá suponen que el genio viene de origen, ¿por qué limitar la medida al bachillerato, desaprovechando la excelencia desde mucho antes? Habrá -se dice- un grupo para los estudiantes brillantes en todos los centros. Siendo así ¿qué razón se puede oponer a la separación de quienes se sitúan en la franja media respecto de los que están por debajo de ellos?
Me asalta una duda. Un sistema que parece ser incapaz, por lo visto, de responder a las deficiencias y lograr que nadie quede atrás es poco probable que sepa manejar la excepcionalidad por arriba. Es sabido que los alumnos sobredotados encajan bastante mal en las estructuras de funcionamiento de las aulas y los cetros, que se aburren o manifiestan inapetencia intelectual por unos contenidos a los que ellos -inteligentes que son- no les ven sentido.
¿Cómo se puede tratar la excepcionalidad en grupos segregados, si no se hace en la enseñanza de todos? Si no se diferencian los métodos y se permite que afloren las diferencias no se va ir mucho más allá de exigir más contenidos de las mismas materias que tendrán que cursar igual que los demás. No se logrará más que meter por otra puerta lo que no es tan presentable el hacerlo por otras. Eso sí; ahora con argumentos renovados: en lugar de acudir a la calidad, se recurre a la excelencia. Por otro lado no se podrá acusárseles de elitismo, pues ahora el problema es de equidad y mejora del talento.
José Gimeno Sacristán es catedrático de Didáctica de la Universidad de Valencia.
Extraído de: El País
A la escuela con la tableta
Los centros educativos empiezan a implantar estos dispositivos en las clases
ROSA JIMÉNEZ CANO - Madrid - 04/04/2011
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______________________Primero fueron los ordenadores y ahora son las tabletas las que se abren paso en la escuela. Jim Manikas ha impuesto obligatoriamente este dispositivo en el centro escolar que dirige: Webb School, en Knoxville (Tenessee, Estados Unidos). La tableta se llama iPad. La llevarán todos los alumnos de Primaria y Secundaria, una vez pagada por sus padres. "Todos tendrán el mismo aparato, sin diferencias, para que todos tengan las mismas posibilidades, compartan y aprendan juntos, cuando sea necesario, pero también de manera individual", dice. Pero en España son escasos los centros que se han apuntado a esta tecnología.
"España apuesta por la utilización de ordenadores con 'software' libre"
"La Escuela de Organización Industrial ha optado por el Android "
"En la escuela Webb School de Knoxville (EE UU) se enseña con el iPad"
Los educadores preparan a los alumnos para un futuro digital
Hasta el momento, la tableta ha tenido un uso doméstico y empresarial, tanto para leer en el sofá como para presentaciones comerciales. Con más de 15 millones de unidades vendidas, el iPad ha generado un nuevo mercado. Samsung, con Galaxy Tab, es su competidora al superar los dos millones de aparatos.
Desde su nacimiento se ha hablado de las bondades de la tableta en el ámbito educativo, pero poco se ha usado más allá de juegos de puzles o de memoria. Con la llegada del iPad 2, en EE UU Apple invita a donar la primera iPad a Teach for America (Enseñar por América), una organización de educadores que ayuda a los alumnos con recursos más bajos. Incluso explica cómo esta donación deduce impuestos.
"Por precio, duración de la batería y la cantidad de aplicaciones disponibles", Manikas cree que el iPad debe ser la herramienta principal de su alumnado. "Tiene todo lo que se espera de un ordenador educativo, con la ventaja de que los alumnos la ven atractiva y la quieren llevar con ellos", insiste.
El aparato irá con algunas aplicaciones cargadas por la escuela, aunque los alumnos podrán instalar más bajo la supervisión de sus padres, a los que se les dará un curso para aprender a controlarlo y sincronizar con el ordenador de casa. Todos tendrán el modelo de 16 gigas con wifi, pero sin 3G.
"No es una forma de atraer estudiantes, salir en los medios o hacer dinero, sino de preparar a nuestros alumnos para un futuro digital. En la Universidad y en su vida laboral van a trabajar así", asegura Manikas.
En los colegios españoles todavía no se utiliza la tableta. Según el Ministerio de Educación, el programa Escuela 2.0 ha distribuido en los dos últimos cursos 601.500 miniportátiles, cuyas características pueden mejorar las comunidades autónomas, pero con unos mínimos: procesador igual o superior a 1Ghz, un giga de memoria, conectividad tanto wifi como por cable, 60 gigas de disco duro y pantalla de 10 pulgadas. La decisión de su sistema operativo es lo más polémico.
Myriam Redondo, del Ministerio de Educación, explica cómo se ha resuelto: "Depende de la decisión que tome cada comunidad autónoma. Para las que no se han decantado por el uso exclusivo de software libre, el portátil contará con un disco duro con dos particiones de arranque; en una irá instalado un sistema operativo libre". La EOI (Escuela de Organización Industrial) de Madrid apostó en 2009 por Android, el sistema operativo de Google.
Primero con los teléfonos y ahora con las tabletas. En la matrícula de la EOI van incluidos el aparato y la conexión de datos durante el curso; al terminar, la tableta pasa a ser del alumno.
El modelo escogido es la Galaxy Tab de siete pulgadas de Samsung. "Creemos que encaja mejor con la forma en que se van a hacer negocios en el futuro, con la adaptación de contenidos en la nube y con la libertad creativa. Al ser una plataforma abierta nos hace sentir parte de la innovación", explica Tíscar Lara, vicedecana de la EOI.
En opinión de Lara, la diferencia con el iPad no es solo una cuestión de hardware, también de ideología. Cuando se decidieron, la primera iPad no permitía grabar vídeo o fotografiar, pero sí la Galaxy Tab. El iPad 2 no les ha hecho cambiar de idea: "Que ahora integre la cámara no lo hace más abierto. Nos sigue pareciendo un aparato más pensado para el consumo de contenidos que para la creación o producción".
Una de las aplicaciones que recomienda a sus alumnos se llama Qik, sirve para retransmitir vídeo desde el aparato, gracias a la cámara. Es solo un ejemplo de las habilidades que adquieren en esta escuela de negocios. La idea final de Lara es hacerles manejarse en nuevas narrativas. "Queremos que se conviertan en personas autónomas que comuniquen, sean participativos y creativos, no solo consumidores".
Todos los alumnos cuentan con su blog. Por las impresiones que dejan en sus cuadernos de bitácora parecen satisfechos. César Júdez lo explica con una poesía; Miguel Santos dice que le recuerda al pizarrín de nuestros abuelos; Juan Manuel Domingo marca 10 diferencias que aprendió en este centro.
"No se trata de una acción de márketing sino de la puerta de entrada a nuestra plataforma de contenidos abiertos", dice Lara. "Forma parte del plan estratégico del centro, que apuesta por el software libre, la economía abierta y el desarrollo de aplicaciones".
Extraído de: El País
Presupuestos en Educación
La UE pide a los países que mantengan o amplíen los presupuestos para educación
Europa relaciona la elevada tasa de abandono escolar español con las altas cifras de paro juvenil
PILAR ÁLVAREZ - Madrid - 19/04/2011
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"Hay que esforzarse más". La comisaria europea de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, Androulla Vassiliou, ha concluido hoy la presentación de un informe del progreso sobre educación y formación de la Comisión Europea con un tirón de orejas a los Estados miembros y un ruego: que mantengan o mejoren los presupuestos educativos. Para España ha dejado, además, otros mensajes de alarma. Primero: el abandono escolar sigue estancado y está estrechamente relacionado con la alta tasa de paro juvenil. Y dos: Hay "desequilibrio" entre la formación que reciben los jóvenes en la universidad y las cualificaciones que reclama el mercado laboral.
La evaluación presentada este mediodía en Bruselas abarca todos los Estados miembros más la antigua república yugoslava de Macedonia, Croacia, Islandia, Liechtenstein, Noruega y Turquía. Analiza los objetivos marcados en materia de educación con el horizonte puesto en 2020. Entre otros, el abandono escolar, la formación en adultos, preescolar, rendimiento escolar en materias básicas como lectura, matemáticas y ciencias y el nivel de población con estudios superiores.
La comisaria Vassiliou exhorta "encarecidamente" a los Estados miembros a que no recorten los presupuestos en educación "a pesar de las limitaciones a las que se enfrentan debido a la crisis económica" y pide que los recursos se utilicen "de la forma más eficiente posible". Esta petición llega tarde en el caso español, donde la educación sufrirá un recorte de recursos de 1.800 millones de euros este año por las reducciones presupuestarias tanto de las comunidades, que soportan la mayor parte del gasto, como del Ministerio de Educación.
España se sitúa además entre los países con más abandono escolar, la tasa que mide a los jóvenes que dejan de estudiar tras la enseñanza obligatoria. La media europea quedó en 2009 (últimos datos disponibles) en el 14,4% frente al 36,8% de Malta -la última de la lista-, un 31,2% en Portugal y el mismo 31,2% en España que, además, ha empeorado sus datos en la última década, ya que partió con un 29,1% de abandono en 2000. Estos países de la cola quedan además muy lejos del objetivo de reducir el abandono hasta un 10% en 2020.
La comisaria de Educación ha relacionado además la alta tasa de abandono escolar española con las cifras de desempleo juvenil, por encima del 40% en menores de 25 años. Señala que el auge de la construcción favoreció el trasvase de la escuela al puesto de trabajo y, ahora que el sector ha caído, esos jóvenes "están desempleados y no tienen las capacidades mínimas para encontrar otro empleo".
"Queremos aumentar sus capacidades para un empleo sostenible", según Vassoliou, que también destaca que hay que "alinear" la oferta a la demanda en el caso de los universitarios. "Necesitamos mejor comunicación de las universidades con sus comunidades y con el mundo empresarial para que las formación corresponda con lo que necesita el mercado", ha sentenciado.
Por otra parte, España se sitúa entre los países con mejores índices en el caso de los porcentajes de niños en preescolar, es decir, menores con edades comprendidas entre cuatro y la edad de escolarización obligatoria (seis años en España) que participan en la educación en la primera infancia. La tendencia ha crecido más de seis puntos porcentuales desde 2000, según el informe, y debe situarse en un 95% de media para 2020 frente al 92,3% de 2008, último dato publicado. A la cabeza están Bélgica (99,5%), España (99), Francia (100), Italia (98,8) y Países Bajos (99,5).
Extraído de: El País
Europa relaciona la elevada tasa de abandono escolar español con las altas cifras de paro juvenil
PILAR ÁLVAREZ - Madrid - 19/04/2011
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"Hay que esforzarse más". La comisaria europea de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, Androulla Vassiliou, ha concluido hoy la presentación de un informe del progreso sobre educación y formación de la Comisión Europea con un tirón de orejas a los Estados miembros y un ruego: que mantengan o mejoren los presupuestos educativos. Para España ha dejado, además, otros mensajes de alarma. Primero: el abandono escolar sigue estancado y está estrechamente relacionado con la alta tasa de paro juvenil. Y dos: Hay "desequilibrio" entre la formación que reciben los jóvenes en la universidad y las cualificaciones que reclama el mercado laboral.La evaluación presentada este mediodía en Bruselas abarca todos los Estados miembros más la antigua república yugoslava de Macedonia, Croacia, Islandia, Liechtenstein, Noruega y Turquía. Analiza los objetivos marcados en materia de educación con el horizonte puesto en 2020. Entre otros, el abandono escolar, la formación en adultos, preescolar, rendimiento escolar en materias básicas como lectura, matemáticas y ciencias y el nivel de población con estudios superiores.
La comisaria Vassiliou exhorta "encarecidamente" a los Estados miembros a que no recorten los presupuestos en educación "a pesar de las limitaciones a las que se enfrentan debido a la crisis económica" y pide que los recursos se utilicen "de la forma más eficiente posible". Esta petición llega tarde en el caso español, donde la educación sufrirá un recorte de recursos de 1.800 millones de euros este año por las reducciones presupuestarias tanto de las comunidades, que soportan la mayor parte del gasto, como del Ministerio de Educación.
España se sitúa además entre los países con más abandono escolar, la tasa que mide a los jóvenes que dejan de estudiar tras la enseñanza obligatoria. La media europea quedó en 2009 (últimos datos disponibles) en el 14,4% frente al 36,8% de Malta -la última de la lista-, un 31,2% en Portugal y el mismo 31,2% en España que, además, ha empeorado sus datos en la última década, ya que partió con un 29,1% de abandono en 2000. Estos países de la cola quedan además muy lejos del objetivo de reducir el abandono hasta un 10% en 2020.
La comisaria de Educación ha relacionado además la alta tasa de abandono escolar española con las cifras de desempleo juvenil, por encima del 40% en menores de 25 años. Señala que el auge de la construcción favoreció el trasvase de la escuela al puesto de trabajo y, ahora que el sector ha caído, esos jóvenes "están desempleados y no tienen las capacidades mínimas para encontrar otro empleo".
"Queremos aumentar sus capacidades para un empleo sostenible", según Vassoliou, que también destaca que hay que "alinear" la oferta a la demanda en el caso de los universitarios. "Necesitamos mejor comunicación de las universidades con sus comunidades y con el mundo empresarial para que las formación corresponda con lo que necesita el mercado", ha sentenciado.
Por otra parte, España se sitúa entre los países con mejores índices en el caso de los porcentajes de niños en preescolar, es decir, menores con edades comprendidas entre cuatro y la edad de escolarización obligatoria (seis años en España) que participan en la educación en la primera infancia. La tendencia ha crecido más de seis puntos porcentuales desde 2000, según el informe, y debe situarse en un 95% de media para 2020 frente al 92,3% de 2008, último dato publicado. A la cabeza están Bélgica (99,5%), España (99), Francia (100), Italia (98,8) y Países Bajos (99,5).
Extraído de: El País
22 marzo 2011
Educación democrática

ENTREVISTA DAVID GRIBBLE, PROFESOR Y EXPERTO EN EDUCACIÓN NO AUTORITARIA
“En una escuela democrática niños y adultos toman decisiones juntos”
Heike Freire , Londres
Sábado 29 de abril de 2006. Número 27
Profesor en la Dartington Hall School (Londres) durante 30 años y cofundador de Sands School, David Gribble ha dedicado toda su vida a la educación no autoritaria. En 1992 participó en la creación del Movimiento Internacional de Educación Democrática que agrupa a un número creciente de escuelas basadas en la libertad de aprendizaje. Es autor de Educación auténtica. Diferentes formas de libertad (1998), Los niños no empiezan las guerras (2000) y Lifelines (2004).
PASO A PASO. “No es posible cambiar una escuela anunciando repentinamente que a los niños se les concede un lote completo de nuevos derechos”Al principio de su carrera enseñó durante tres años en una escuela convencional. Según Gribble, fingió todo el tiempo intentando imponer en sus clases valores en los que no creía. Desde entonces, ha visto una gran diversidad de escuelas democráticas en todo el mundo.
DIAGONAL: ¿Qué entiendes por “educación democrática”?
DAVID GRIBBLE: Es tan sólo el nombre de moda para lo que hace 50 años se llamaba “educación progresista” y ahora la gente que, por ejemplo, lleva Butterflies (una organización de niños y adolescentes trabajadores y de la calle en Delhi) llama “educación no-formal”. Cubre una gran variedad de formas de educación, pero el elemento más importante es una relación de respeto mutuo, afecto e igualdad. En una escuela democrática los niños y los adultos toman decisiones juntos, deciden qué clases deben darse, qué normas son necesarias, qué profesores nuevos deben contratarse y, a nivel individual, cada niño decide si desea asistir a una clase, qué ropa vestir y cómo emplear su tiempo libre.
D.: ¿Qué aspectos consideras positivos y cuáles problemáticos?
D.G.: Una de sus fuerzas es que los niños que son tratados con respeto, confianza y cuidado, mantienen su natural autorespeto, confianza en sí mismos y preocupación por los demás. Los niños que son dominados, a los que se trata con desconfianza y hostilidad, tienden a volverse rebeldes, deshonestos e impredecibles. Los niños a los que se ha permitido elegir lo que desean aprender suelen mantener su interés por el aprendizaje. Un problema es que los niños que han disfrutado de una educación democrática, a veces encuentran difícil entrar en un mundo en el que las opiniones de la gente joven no se toman en serio. Esto me parece un problema, pero es el mundo el que necesita cambiar, no las escuelas democráticas.
D.: La mayoría de las escuelas democráticas son privadas, ¿qué clase de alumnado puede beneficiarse de este enfoque?
D.G.: Muchas de las escuelas democráticas en occidente son, en efecto, privadas; a los gobiernos no les gusta la idea de dar libertad a los niños, pero hay muchas excepciones: por ejemplo las escuelas en Kleingruppen en Suiza, la escuela elemental Prestolec en el Reino Unido, la escuela de la autodeterminación en Rusia y la Urban Academy en los Estados Unidos. La crítica de “ghetto” para gente rica me preocupó tanto en el pasado que estuve algunos meses investigando lugares como una residencia escocesa para evacuados altamente problemáticos durante la segunda guerra mundial, un instituto de Chicago para gente joven inmerso en la cultura de las bandas mafiosas, un pueblo de niños en Tailandia para huérfanos y víctimas de abusos, y la organización Butterflies en Delhi. Esta es mi conclusión después de la investigación, recogida en Lifelines, el libro que escribí sobre ellos: “Los niños para los que la educación no-formal es más importante son los despojados, los aplastados, los abandonados y los desesperados. Para los ricos, esta educación es deseable; para los pobres, es esencial”.
D.: ¿Piensas que sería posible democratizar la escuela pública?
D.G.: Es muy difícil cambiar una escuela una vez que ha sido creada. El Instituto por una Educación Democrática, en Israel, ayuda a las escuelas que ya existen a democratizarse, siempre que niños, madres, padres y equipo docente estén de acuerdo. Estos procesos suelen llevar cuatro años. No es posible cambiar una escuela anunciando repentinamente que a los niños se les concede un lote completo de nuevos derechos. En la Highfield Junior School, en Plymouth (Inglaterra), cuando a Lorna Farrington, la nueva directora, se le permitió hacer todo lo que quisiera porque la escuela estaba teniendo problemas, empezó por preguntar a cada grupo qué reglas quería poner en sus clases. Algunos años después los niños participaban en la selección de nuevos profesores, manejando los problemas de disciplina y llamando a los padres para hablar con ellos cuando pensaban que era necesario. Es posible democratizar una escuela autoritaria, pero lleva mucho tiempo.
D.: ¿Crees que la educación democrática podría ser una de las respuestas a la crisis actual?
D.G.: Mi impresión es que la educación democrática está avanzando en dos frentes: cada año hay más escuelas democráticas privadas en países distintos, y además los educadores de calle están siguiendo una orientación democrática aunque sólo sea porque estos niños no aceptan la autoridad adulta. También es cierto que en el mundo industrializado occidental la educación está fallando en dos cosas: cada vez más niños se niegan a ir a la escuela y muchos están traumatizados por la presión que reciben para que tengan éxito en los estudios. Estos problemas se están reconociendo y hay movimientos hacia una mayor democracia en las escuelas estatales, incluso en Inglaterra, donde el Gobierno es aparentemente hostil a la idea.
D.: En abril visitarás España para dirigir un taller con madres, padres y educadores, ¿cómo ves la situación en este país?
D.G.: Es la primera vez que viajo a España con este propósito, pero por los contactos que he podido tener, creo que existe un gran interés en este tipo de educación, tanto por tradición, como por lo que se podría llamar un movimiento emergente de renovación que está tomando fuerza.
La escuela pública inglesa
Blair hizo a primeros de marzo su apuesta más arriesgada como continuador del ‘thatcherismo’ cuando presentó al Parlamento una ley de reforma educativa que incorpora criterios de libre mercado a los colegios públicos (podrán ser gestionados por empresarios o grupos religiosos, y fusionarse si tienen éxito). La nueva ley de Educación fue aprobada el 15 de marzo con el apoyo de la oposición conservadora y el voto en contra de 51 laboristas por considerar que “la educación debe ser igualitaria”.
PASO A PASO. “No es posible cambiar una escuela anunciando repentinamente que a los niños se les concede un lote completo de nuevos derechos”Al principio de su carrera enseñó durante tres años en una escuela convencional. Según Gribble, fingió todo el tiempo intentando imponer en sus clases valores en los que no creía. Desde entonces, ha visto una gran diversidad de escuelas democráticas en todo el mundo.
DIAGONAL: ¿Qué entiendes por “educación democrática”?
DAVID GRIBBLE: Es tan sólo el nombre de moda para lo que hace 50 años se llamaba “educación progresista” y ahora la gente que, por ejemplo, lleva Butterflies (una organización de niños y adolescentes trabajadores y de la calle en Delhi) llama “educación no-formal”. Cubre una gran variedad de formas de educación, pero el elemento más importante es una relación de respeto mutuo, afecto e igualdad. En una escuela democrática los niños y los adultos toman decisiones juntos, deciden qué clases deben darse, qué normas son necesarias, qué profesores nuevos deben contratarse y, a nivel individual, cada niño decide si desea asistir a una clase, qué ropa vestir y cómo emplear su tiempo libre.
D.: ¿Qué aspectos consideras positivos y cuáles problemáticos?
D.G.: Una de sus fuerzas es que los niños que son tratados con respeto, confianza y cuidado, mantienen su natural autorespeto, confianza en sí mismos y preocupación por los demás. Los niños que son dominados, a los que se trata con desconfianza y hostilidad, tienden a volverse rebeldes, deshonestos e impredecibles. Los niños a los que se ha permitido elegir lo que desean aprender suelen mantener su interés por el aprendizaje. Un problema es que los niños que han disfrutado de una educación democrática, a veces encuentran difícil entrar en un mundo en el que las opiniones de la gente joven no se toman en serio. Esto me parece un problema, pero es el mundo el que necesita cambiar, no las escuelas democráticas.
D.: La mayoría de las escuelas democráticas son privadas, ¿qué clase de alumnado puede beneficiarse de este enfoque?
D.G.: Muchas de las escuelas democráticas en occidente son, en efecto, privadas; a los gobiernos no les gusta la idea de dar libertad a los niños, pero hay muchas excepciones: por ejemplo las escuelas en Kleingruppen en Suiza, la escuela elemental Prestolec en el Reino Unido, la escuela de la autodeterminación en Rusia y la Urban Academy en los Estados Unidos. La crítica de “ghetto” para gente rica me preocupó tanto en el pasado que estuve algunos meses investigando lugares como una residencia escocesa para evacuados altamente problemáticos durante la segunda guerra mundial, un instituto de Chicago para gente joven inmerso en la cultura de las bandas mafiosas, un pueblo de niños en Tailandia para huérfanos y víctimas de abusos, y la organización Butterflies en Delhi. Esta es mi conclusión después de la investigación, recogida en Lifelines, el libro que escribí sobre ellos: “Los niños para los que la educación no-formal es más importante son los despojados, los aplastados, los abandonados y los desesperados. Para los ricos, esta educación es deseable; para los pobres, es esencial”.
D.: ¿Piensas que sería posible democratizar la escuela pública?
D.G.: Es muy difícil cambiar una escuela una vez que ha sido creada. El Instituto por una Educación Democrática, en Israel, ayuda a las escuelas que ya existen a democratizarse, siempre que niños, madres, padres y equipo docente estén de acuerdo. Estos procesos suelen llevar cuatro años. No es posible cambiar una escuela anunciando repentinamente que a los niños se les concede un lote completo de nuevos derechos. En la Highfield Junior School, en Plymouth (Inglaterra), cuando a Lorna Farrington, la nueva directora, se le permitió hacer todo lo que quisiera porque la escuela estaba teniendo problemas, empezó por preguntar a cada grupo qué reglas quería poner en sus clases. Algunos años después los niños participaban en la selección de nuevos profesores, manejando los problemas de disciplina y llamando a los padres para hablar con ellos cuando pensaban que era necesario. Es posible democratizar una escuela autoritaria, pero lleva mucho tiempo.
D.: ¿Crees que la educación democrática podría ser una de las respuestas a la crisis actual?
D.G.: Mi impresión es que la educación democrática está avanzando en dos frentes: cada año hay más escuelas democráticas privadas en países distintos, y además los educadores de calle están siguiendo una orientación democrática aunque sólo sea porque estos niños no aceptan la autoridad adulta. También es cierto que en el mundo industrializado occidental la educación está fallando en dos cosas: cada vez más niños se niegan a ir a la escuela y muchos están traumatizados por la presión que reciben para que tengan éxito en los estudios. Estos problemas se están reconociendo y hay movimientos hacia una mayor democracia en las escuelas estatales, incluso en Inglaterra, donde el Gobierno es aparentemente hostil a la idea.
D.: En abril visitarás España para dirigir un taller con madres, padres y educadores, ¿cómo ves la situación en este país?
D.G.: Es la primera vez que viajo a España con este propósito, pero por los contactos que he podido tener, creo que existe un gran interés en este tipo de educación, tanto por tradición, como por lo que se podría llamar un movimiento emergente de renovación que está tomando fuerza.
La escuela pública inglesa
Blair hizo a primeros de marzo su apuesta más arriesgada como continuador del ‘thatcherismo’ cuando presentó al Parlamento una ley de reforma educativa que incorpora criterios de libre mercado a los colegios públicos (podrán ser gestionados por empresarios o grupos religiosos, y fusionarse si tienen éxito). La nueva ley de Educación fue aprobada el 15 de marzo con el apoyo de la oposición conservadora y el voto en contra de 51 laboristas por considerar que “la educación debe ser igualitaria”.
Extraído del periódico Diagonal
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